¿Es la vejez despreciable?
En el paraíso había dos árboles sobresalientes: el de la ciencia del bien y del mal y el de la vida. Dios tan solo prohibió comer del primero. Por tanto, se nos daba, en opinión de sir James J. Frazer, una opción implícita entre el conocimiento y la inmortalidad. Sin embargo, despreciamos esta última: postergamos el futuro, la vida eterna, por la inmediatez de la omnisciencia, tal vez, si se me permite, a causa de cierta imprevisión juvenil, ya que en el jardín del Edén no se envejecía.