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La PMP y Solidaridad Intergeneracional hacen un llamamiento a situar la cooperación entre generaciones en el centro de las políticas públicas
Fuente: Plataforma de Mayores y Pensionistas
Día Europeo de la Solidaridad y la Cooperación entre Generaciones
Con motivo del Día Europeo de la Solidaridad y la Cooperación entre Generaciones, que se conmemora cada 29 de abril, la Plataforma de Mayores y Pensionistas (PMP) y Solidaridad Intergeneracional, entidad colaboradora de la PMP, han realizado un llamamiento conjunto para reivindicar el refuerzo de “una cultura intergeneracional real” que sitúe la cooperación entre generaciones en el centro de las políticas públicas y de la vida comunitaria.
Ambas organizaciones han reivindicado la solidaridad intergeneracional como “un pilar esencial de los sistemas de bienestar y de la cohesión social”, especialmente en un contexto de profundo cambio demográfico marcado por el aumento de la longevidad.
El presidente de la PMP, Jesús Norberto Fernández, ha recordado que afrontar este reto demográfico exige “superar enfoques basados exclusivamente en la edad y avanzar hacia políticas públicas con perspectiva intergeneracional, capaces de combatir el edadismo, fomentar el respeto mutuo y promover la participación social de las personas de todas las edades en igualdad de oportunidades”.
Por su parte, Solidaridad Intergeneracional ha defendido una mirada contemporánea de la vejez, acorde con la realidad del siglo XXI. Al mismo tiempo, ha subrayado que en una sociedad donde la vida se ha alargado ya no puede hablarse de etapas rígidas, sino de un proceso continuo en el que las personas siguen construyéndose, aprendiendo, desaprendiendo y aportando a lo largo de toda la vida.
Asimismo, la organización ha señalado que el objetivo debe ser lograr que la vejez sea una etapa a la que se desee llegar, por ser sinónimo de oportunidades, participación, aprendizaje y bienestar. Tal y como ha remarcado su presidenta, Ana Isabel Esteban, “vivir más años es uno de los mayores logros de la humanidad; el reto actual es transformar esa conquista en vivir mejor, algo que depende en gran medida de cómo se vive a lo largo de todo el ciclo vital y de la existencia de entornos que lo hagan posible”.
Ambas entidades han coincidido en proclamar que la cooperación y la solidaridad entre generaciones no son una opción, sino que “deben formar parte del ADN social”. Frente a discursos que enfrentan edades, reivindican una “visión integradora del ciclo de vida, en la que todas las generaciones se necesitan, se complementan y se enriquecen mutuamente”.
No obstante, también han denunciado que persisten formas de edadismo que imponen límites injustificados por razón de edad, especialmente hacia las personas mayores, condicionando su participación y restringiendo oportunidades. En este sentido, han insistido en que la edad no puede ser un criterio de exclusión en una sociedad que aspira a ser justa y longeva, y que las posibles limitaciones deben valorarse siempre desde criterios objetivos y el respeto a la autonomía personal.
Por estos motivos, la PMP y Solidaridad Intergeneracional han instado a la creación de espacios físicos y virtuales de encuentro, de convivencia cotidiana y de aprendizaje compartido, donde la edad no sea una barrera y donde la participación forme parte de la vida diaria.
En concreto, Solidaridad Intergeneracional ha puesto énfasis en que esta necesidad resulta especialmente evidente en el medio rural, donde la falta de actividades sociales, servicios, transporte y conectividad digital limita gravemente las oportunidades de encuentro entre generaciones. Igualmente, ha alertado de que sin condiciones de vida dignas en todos los territorios la intergeneracionalidad corre el riesgo de convertirse en un discurso vacío.
En definitiva, la PMP y Solidaridad Intergeneracional han demandado la eliminación de las barreras que siguen limitando derechos básicos, como son: la falta de accesibilidad universal; la brecha digital, que afecta especialmente a las personas mayores; y las mencionadas carencias en cuanto a transportes públicos y servicios, principalmente en zonas rurales. Unas barreras que, además de perjudicar a las personas mayores, están expulsando a la población joven y debilitando la cohesión social y el equilibrio territorial.
Finalmente, las dos organizaciones han manifestado que “vivir mucho y vivir bien es una aspiración legítima de cualquier ser humano, y construir una sociedad donde eso sea posible para todas las edades es una responsabilidad colectiva que no puede seguir posponiéndose”. Por ello reclaman políticas públicas que integren el ciclo de vida en su conjunto, que promuevan la participación sin etiquetas de edad y que garanticen entornos accesibles, conectados y habitables para todas las generaciones.
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