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El Congreso Mundial de Ciudades Amigables refuerza la participación, la acción local y el compromiso global ante el envejecimiento
Fuente: Imserso
El Tercer Congreso Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables, celebrado entre el 16 y el 18 de junio en el Kursaal de San Sebastián, reunió a cerca de 800 profesionales de 76 países de los cinco continentes bajo el lema ‘¡Transformemos juntos! Un mundo conectado, equitativo y sostenible, adaptado a todas las generaciones’. Promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y organizado por el Imserso en colaboración con distintas instituciones vascas y locales, el congreso volvió a situar en el centro del debate internacional la necesidad de repensar las ciudades desde la longevidad, los derechos y la participación de las personas mayores. Durante tres días fue un laboratorio internacional de ideas, experiencias y alianzas para seguir avanzando hacia entornos más inclusivos, conectados y habitables para todas las edades.
La jornada inaugural dejó claro que la amigabilidad no es un concepto accesorio, sino una forma de entender el presente y el futuro de nuestras sociedades. En la apertura, Jon Insausti, alcalde de San Sebastián, reivindicó la aspiración de construir una ciudad próspera y feliz, mientras Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, defendió que detrás de la palabra “amigable” hay “un gesto de valentía y declaración de intenciones”, y alertó sobre la necesidad de superar los discursos que enfrentan a unas generaciones con otras.
Uno de los ejes centrales del congreso ha sido el balance del recorrido acumulado por la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, que este año cumple 15 años. En la sesión ‘Celebrando el legado y las lecciones aprendidas’ se subrayó el valor del marco impulsado por la OMS como una estructura flexible para mejorar las ciudades, con una mirada colaborativa, transversal y participativa. En esa misma línea, se defendió que la experiencia de envejecer ayuda a pensar ciudades mejores, conectando los grandes desafíos globales con realidades concretas y locales.
La segunda jornada profundizó en la dimensión internacional y diversa del movimiento. Se puso el foco en la heterogeneidad de la Red, que integra desde grandes capitales hasta ciudades más pequeñas, y se compartieron proyectos desarrollados en lugares tan distintos como India, Singapur, Estados Unidos, Santa Ana (Costa Rica) y Euskadi. En este marco, Alexandre Kalache, referente global en políticas de envejecimiento activo y embajador del congreso, insistió en la necesidad de “seguir haciendo camino” y recordó que, para construir un mundo más justo, “la participación de la sociedad civil es absolutamente fundamental”.
A lo largo de las tres jornadas, el programa fue dibujando una agenda muy concreta de trabajo para las ciudades y comunidades amigables. En las sesiones paralelas del primer día se abordaron cuestiones como la participación social, la vivienda, los espacios exteriores, el transporte, los servicios comunitarios de apoyo y la comunicación e información, con atención expresa a retos como la soledad, la movilidad segura, los cuidados en la comunidad y las brechas digitales.
En la segunda jornada se ampliaron esos debates con asuntos como la conexión social, la futura Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas Mayores, el edadismo, el cambio climático, la sostenibilidad, la solidaridad intergeneracional o la posibilidad de envejecer en el propio hogar. El congreso dejó así una idea nítida: la amigabilidad no se limita al urbanismo, sino que atraviesa el bienestar, los cuidados, el acceso a la información, la accesibilidad y la vida comunitaria.
La sesión de clausura miró al futuro del movimiento internacional. Thiago Hérick de Sá, coordinador de la Red Global de Ciudades y Comunidades Amigables de la OMS, anunció que el próximo congreso mundial se celebrará en Singapur en 2028, y defendió que hacen falta compromisos capaces de acelerar el progreso y mantener el impulso de la red.
Amal Abou Rafeh, de Naciones Unidas, añadió que el reto consiste en traducir esos compromisos a la práctica y detectar las mayores oportunidades de futuro en un contexto marcado por la complejidad del envejecimiento y por incertidumbres políticas, financieras y tecnológicas.
También intervino Tamer Mohamed Shousha, de la Universidad de Shardjah (EAU), quien reclamó “una agenda común” entre universidad y comunidad para fortalecer las iniciativas de entornos amigables. En paralelo, los conversatorios sobre el futuro de las ciudades y comunidades amigables sirvieron para identificar fortalezas de la red —como su flexibilidad o su perspectiva transversal—, pero también desafíos pendientes, entre ellos la financiación insuficiente, la resignificación del edadismo y la necesidad de mejorar la accesibilidad lingüística.
En el mensaje institucional de cierre, María Jesús Idoeta, concejala de Servicios Sociales del Ayuntamiento de San Sebastián, subrayó que la longevidad transforma el espacio público, la vivienda, la salud, la vida comunitaria y las ciudades, y que esa realidad obliga a transformar también la manera de colaborar y construir respuestas. Por su parte, Mayte Sancho, directora general del Imserso, resumió el sentido profundo del congreso al defender el envejecimiento como vector de transformación y como oportunidad para repensar cómo queremos vivir juntos. Según destacó, durante este encuentro se ha hablado de vivienda, transporte, entorno, información y accesibilidad, pero con un enfoque común que ha atravesado todas las mesas: la construcción conjunta. En esa misma línea, reivindicó que la participación no solo contribuye al bienestar, sino que constituye un verdadero ejercicio de ciudadanía, y recordó la importancia de lo local como el espacio donde las personas viven, se materializan las intenciones y se impulsan los vínculos.
Principales conclusiones
- La transformación de las ciudades ante el envejecimiento debe abordarse desde una perspectiva colaborativa, transversal y participativa, situando a las personas mayores en el centro de las decisiones.
- La participación social y de la sociedad civil aparece como una condición imprescindible para construir comunidades más justas, inclusivas y amigables.
- La agenda de las ciudades amigables es amplia y concreta: incluye vivienda, transporte, accesibilidad, información, espacios públicos, cuidados comunitarios, conexión social y envejecimiento en el propio hogar.
- El congreso identifica el edadismo como un desafío de primer orden y reclama reforzar la comunicación, la educación y las políticas públicas para combatirlo.
- El movimiento internacional necesita ahora más compromisos operativos, mayor coordinación, mejor financiación y más accesibilidad lingüística para seguir avanzando.
El ámbito local se reafirma como el espacio decisivo donde las políticas se convierten en realidades cotidianas y donde se sostienen los vínculos comunitarios.
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