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Una guía de la CNSE llama a combatir el edadismo y las barreras de comunicación que afrontan las personas mayores sordas
Fuente: CNSE
La Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE) ha presentado ‘Por un Buen Trato a las Personas Mayores Sordas’, una guía para educar sobre el trato adecuado a este colectivo tanto en sus relaciones personales como con las instituciones.
La publicación se articula en torno a tres grandes objetivos: sensibilizar, dando a conocer situaciones de discriminación que a menudo pasan desapercibidas; empoderar, para que las personas mayores sordas identifiquen vulneraciones y sepan cómo defenderse; y orientar, mediante conceptos clave, ejemplos reales y recursos legales accesibles.
Un enfoque que la convierte en un apoyo útil no solo para profesionales, familias y el conjunto de la sociedad, sino también para la propia población mayor sorda, ofreciéndoles información para reconocer sus derechos y actuar frente a cualquier trato injusto que pueda afectarles.
Una realidad interseccional que exige respuestas específicas
Uno de los ejes centrales del documento es la interseccionalidad. La guía subraya que las personas mayores sordas no solo afrontan los desafíos propios del envejecimiento, sino también obstáculos específicos por ser personas sordas, como las barreras de comunicación, las dificultades de acceso a la información y las limitaciones a la participación social. “La combinación de ambas realidades multiplica las situaciones de desigualdad y exige respuestas específicas para garantizar que las personas mayores sordas vean plenamente reconocidos sus derechos, tanto en el ámbito personal como en el institucional”, ha apuntado durante su intervención la consejera de la CNSE, Amparo Minguet.
A partir de ese diagnóstico, la publicación identifica formas de trato inadecuado que suelen pasar inadvertidas como la microdiscriminación, el edadismo, el paternalismo, la sobreprotección, la infantilización o el audismo; muestra cómo puede manifestarse en ámbitos como la sanidad, los servicios sociales, la administración o la vida comunitaria; e incorpora herramientas concretas para darles respuesta.
Para ello, se apoya en un marco legal claro. Recuerda que la Ley 27/2007 y el Real Decreto 674/2023 reconocen las lenguas de signos españolas y enlaza este enfoque con otros instrumentos de garantía de derechos, como la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, el Real Decreto Legislativo 1/2013 o la Ley 39/2006. También destaca herramientas como LeySign, un portal accesible en lengua de signos impulsado por la CNSE para acercar la legislación a las personas sordas.
Mayor presencia de profesionales sordos
Otra cuestión a la que la guía dedica un apartado específico es a la necesidad de contar con profesionales preparados para trabajar con personas mayores sordas: “Lo ideal es que puedan ser atendidas por profesionales que compartan su misma lengua porque eso reduce errores, evita la dependencia de terceros y favorece una atención más humana y eficaz,” ha apuntado Roberto Suárez, presidente de la CNSE.
Para Suárez, la presencia de profesionales sordos en los equipos aporta conexión real, empatía, referentes y una inclusión efectiva. De ahí, que haya reivindicado que se fomente la contratación de estos profesionales en centros de día, empresas de ayuda a domicilio, centros residenciales, etc: “Garantizar un trato respetuoso y accesible pasa por escuchar, adaptar, respetar y eliminar barreras”.
Un compromiso sostenido con las personas mayores sordas
La presentación de la guía Por un Buen Trato a las Personas Mayores Sordas, financiada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 a través de la asignación tributaria del 0,7 % del IRPF y por Fundación ONCE, se enmarca en una trayectoria de largo recorrido de la CNSE en favor de este colectivo. “Son casi veinte años desarrollando iniciativas centradas en el empoderamiento, la participación, la dignidad, la igualdad de derechos, la autonomía y el reconocimiento de la diversidad, a las que se suman estructuras estables de participación, estudios, guías, servicios y actuaciones específicas que han permitido identificar con mayor precisión la realidad de las personas mayores sordas y responder a sus necesidades”, ha recordado Amparo Minguet.
Por su parte, Roberto Suárez ha reivindicado el papel activo de las personas mayores sordas dentro del movimiento asociativo y situó su aportación en una visión más amplia de comunidad y continuidad generacional: “Creemos en un movimiento asociativo donde generaciones diferentes se encuentren, se escuchen y se reconozcan. Donde la experiencia, la memoria y el conocimiento de las personas mayores dialoguen con la energía y las nuevas perspectivas de las generaciones más jóvenes”.
En esta misma línea, ambos han defendido la necesidad de seguir avanzando en la participación de las personas mayores sordas, no como receptoras pasivas, sino como protagonistas, como referentes y como agentes que contribuyen a la toma de decisiones dentro del movimiento asociativo: “Las personas mayores sordas tienen una gran riqueza en experiencia y conocimientos y esto es un recurso que nuestra red asociativa no puede desaprovechar”.
El documento de la guía está disponible en este enlace.
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